

Por su parte, Muniesa recordó lo que significa el balonmano en la ciudad, y la responsabilidad que supone vestir la camiseta del Alser en una ciudad que vive el balonmano como una “religión”.
Despues de todo esto, el turno fue el de los verdaderos protagonistas, los jugadores que a las ordenes de Goran Dzokic y Alberto Estornell, tuvieron una sesión de trabajo intensa y de casi dos horas de duración.
Despues del verano, con sus altas, con sus bajas, con las dificultades de conformar un presupuesto acorde a la categoría, donde el protagonismo lo copan los despachos y los dirigentes, es el turno de los verdaderos protagonistas de este sueño, los jugadores.
Ilusion, trabajo y calidad, un coctel para el éxito
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