Alfredo Ruiz, ganador del I Concurso de Microrrelatos del Fertiberia Puerto Sagunto

Ganadores

Ricardo Gil consigue el Accesit BM Puerto Sagunto y Ana Isabel Martinez el Accesit Joven

El Jurado del I Concurso de Microrrelatos organizado por el Fertiberia Puerto Sagunto ya ha elegido a los ganadores de los tres premios que se ponían en liza para esta iniciativa del club rojiblanco. Alfredo Ruiz, con su obra “La Leyenda”, ha sido el ganador absoluto, mientras que Jose Ricardo Gil con “Una tarde muy especial” ha obtenido el Accesit BM Puerto Sagunto, para obras que centraran su atención en el club. El otro premio concedido ha sido para la joven murciana Ana Isabel Martinez que con su obra “Sólo él” ha obtenido el accésit reservado para jóvenes autores.

Este sábado, en la previa del encuentro ante el FC Barcelona, la presidenta del Jurado, la Concejal de Cultura, Maribel Sáez, acompañada por otros miembros del Jurado, hará entrega de los galardones conmemorativos a los vencedores.

Las tres obras van a ser publicadas en la edición de este encuentro de Pase de Gol, la revista oficial del Fertiberia Puerto Sagunto. Asimismo el club rojiblanco quiere agradecer a todos los participantes su colaboración en este concurso e informa que sus obras saldrán a la luz progresivamente en los medios internos de comunicación del club tanto impresos como digitales.

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La Leyenda. Autor Alfredo Ruiz Martínez

Paseaba hasta el pabellón desde el aparcamiento con la serenidad que dan los años, y con el aplomo que da el saberse observado desde niño. Nunca supe qué impresionaba más a los chicos, si su leyenda, o sus casi dos metros de altura. Sus silencios eran tan largos como sus pasos, y miraba al frente como quien sabe que sólo se puede vivir así.

Sus ojos sólo sonreían cuando llegaba a la puerta y saludaba a Joaquín, el portero, que le daba la mano con orgullo y lo invitaba a pasar a la casa de ambos. El balonmano no había sido para él sólo un deporte, había sido una religión, y ese era su templo. Este deporte le había enseñado a correr, a saltar, a lanzar, pero sobretodo, le había enseñado que el esfuerzo, el trabajo en equipo, el honor, el compromiso, y la constancia, siempre tienen recompensa. Esos valores fueron los que luego forjaron su vida y su gran familia y, gracias al balonmano, se sentía orgulloso de ambas.

Se sentó en la grada, rodeado de los 4 amigos que lo habían acompañado desde siempre, y que formaban junto a él lo que la gente del balonmano llamaba “El Comité de Sabios”. Ellos eran su segunda familia. Con una mirada entre ellos sabían lo que pensaban de cada jugador, de cada jugada. Eran muchos años sintiendo esa pasión y eran los primeros en descubrir quiénes serían los mejores amantes para su amada. Sus opiniones eran sentencias, y eran siempre respetadas.

Ese día el Ovni era una fiesta. El Puerto jugaba la Final de Copa contra el Barcelona. Él nunca había tenido la suerte de vivir un partido así, ni como jugador, ni como entrenador, pero ese día su nieto estaba en el campo por él. Se sentía más orgulloso que si él mismo hubiera estado jugando. Cuando los equipos saludaban, su nieto lo miró, le sonrió, se llevó la mano al escudo, al corazón, y le señaló con el dedo. Se sintió feliz. Le brillaban los ojos cuando el árbitro pitó el inicio del partido. Fue un partido duro, bronco, disputado.

Nadie nunca supo si llegó a enterarse del resultado final. Cuando su amigo Juan se giró para abrazarlo se dio cuenta de lo que había pasado. Cuando su nieto recogía la Copa y miró arriba también lo supo. Pasó la copa a un compañero, y corrió a la grada. El pabellón enmudeció.

-No llores, Luis, campeón, yo también quiero morir así, y algún día lo entenderás, le dijo Juan.

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